Lucifer
Me mira y no me aparta la mirada
un hondo abismo por cualquier resquicio;
me asomo, en cuanto asoma, al precipicio
del pensamiento donde importa nada.
Sobre mi orgullo pende una afilada
espada de Damocles, si acaricio
la sinrazón que me sacó de quicio,
esta alma oscuramente iluminada.
Un ángel con soberbia me susurra
palabras de furioso anonimato
para que en otra rebelión incurra.
La luz destroza con fulgor ingrato
mis ojos arrasados, porque escurra
la sangre escrita a fuego en mi contrato.
Comentarios
Publicar un comentario