El don de la pereza

Ni palos sirven ni la zanahoria

para que me someta a disciplina;  

el sistema no existe que defina

la forma de encajar en esta historia.


Me sabe el mundo a taza de achicoria,

a sucedáneo envuelto en la rutina;

únicamente en sombras se ilumina

flaco el favor de tanta falsa euforia. 

 

Le he cogido, sin duda, ya el tranquillo

al tema de saber perder con garbo;

sonrío al caminar, si trastabillo.


En precario equilibrio me mantengo

y dentro del fracaso donde escarbo

procuro no olvidar de dónde vengo.

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