Las de Caín

Con polvo del camino, en viento enjuto
me transformó esta vida trashumante;
a trancas y barrancas, mi alma errante
sesenta tumbos pega por minuto.

Si intento no torcerme, me refuto
y el tiempo se me lleva por delante;
paso las de Caín a cada instante,
sin arrancarle a mi sudor su fruto.

Como quien nunca encaja ni se integra,
sombrío anduve al margen de rebaños
igual que alguna extraña oveja negra.

¿De veras mereció la pena el reto
de andar a solas todos estos años
para acabar perdido en un soneto?

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