Soneto del amor hermoso
La luna y las estrellas las confisco,
las incauto y después te las regalo;
por ti dejé de ser un hombre malo;
dejé por ti de ser un tipo arisco.
Por ti, como un cabrito, trepo un risco;
el monte que me enseñes, te lo escalo;
por ti sabré que el valle donde inhalo
mi amor, tendrá frescura de marisco.
El hecho de que el mundo sea incierto
y solo el moño tengas de flamenca,
no importa, si te llevo luego al huerto.
Y, aunque te muevas menos que una tenca,
llámame, si te gusta, Luis Alberto,
pues pronto te pondré mirando a Cuenca.
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