Nómada
Lo dije y me reitero, en este extraño
destino trashumante en el que yerro,
el polvo del camino es testaferro
del sordo viento de mi desengaño.
Cuido mi soledad como oro en paño;
me sobra con mi sombra en el destierro;
ella se cuida de quitarle hierro
cada vez que tropiezo y me hago daño.
Rebaño como un perro con la lengua
cada segundo esquivo, evanescente,
cuando la luna se oscurece y mengua.
Me encierro a salvo del tacaño astuto
que es el paso del tiempo por la mente:
de cuajo arranco sueños por mi luto.
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